El clima semiárido de Almeria, con precipitaciones torrenciales concentradas en pocos días al año, acelera la pérdida de capa vegetal en laderas y terrenos agrícolas. Cuando la lluvia golpea suelo desnudo, arrastra partículas finas y genera cárcavas que comprometen la estabilidad del terreno. Por eso, antes de urbanizar o replantar, conviene realizar un análisis de erosión de suelos que cuantifique la tasa de pérdida y proponga medidas correctivas. En muchos casos, este estudio se complementa con un ensayo de infiltración para medir la capacidad de absorción del perfil, o con la clasificación de suelos mediante laboratorio, datos clave para diseñar drenajes y cubiertas vegetales que mitiguen el fenómeno.

En laderas del Parque Natural Cabo de Gata, la tasa de erosión puede superar las 20 t/ha/año si no se interviene a tiempo.